sábado, febrero 26, 2011

Uno sobre el futuro




Muchas veces los seres humanos quisiéramos tener una bola de cristal para poder saber con evidencias lo que nos depara el futuro. Quisiéramos estar seguros de que aquello en lo que estamos va a ser como lo pensamos. La indecisión es siempre un obstáculo, lo mismo que la angustia que se genera por lo desconocido y la incertidumbre que congela la acción.



Pero, ¿qué hacer? Si la filosofía sirve para algo, tendría que ayudarnos a decidir sobre el mejor camino a recorrer en este juego absurdo que se llama vida.



Es un hecho también, como ya lo dijo Zeta, que a veces no queremos hacer uso de nuestra libertad y preferimos dejar en manos de otra cosa o de otro ser humano la responsabilidad de nuestros actos. (vuelvo a presentar la tira sobre los consejos para que la tengan presente, porque luego buscar entre las entradas del blog es medio complicado... incluso para mi).



Pero entonces, ¿Cómo saber en que va a terminar el camino que me atrevo a transitar? Hay varias posibilidades. La primera es la única absoluta; No importa hacia dónde me lleve la vida, el destino final es la muerte. Pero éste resulta ser el callejón sin salida de la existencia. Quizás otra opción es que uno se lanza al futuro a ciegas y va viendo la vida, este sendero sobre el que se mueve, como cuando uno camina con una vela en medio de un apagón. Se puede ver lo que está cerca, pero es imposible ver más allá. Una tercera, me parece que es como una apuesta. Un lanzarse y abrazar el designio de la Fortuna. Sin embargo, es necesario saber apostar. La prudencia o el arrojo de la persona le facilitará o dificultará su futuro. ¿Qué tal aquellos que rezan o se acogen a un poder sobrenatural? Tienen la idea de que hay un orden en el universo y que las cosas del futuro serán tal como lo haya acomodado desde el principio la divinidad, el destino, la providencia o los astros. A mi me parece una renuncia al hecho de aceptar que las cosas suceden y de que nadie las acomodó de tal o cual manera. Están también los que creen, casi con sinceridad, que son dueños de su destino y que ellos mismos van forjando su futuro. Y cuando menos lo esperan, ¡Sopas! algo pasa y les hace tambalear su mundo.



En cuanto a mi mismo, el futuro me parece algo indeterminable, al menos a largo plazo. Además está el inconveniente del azar. Supongo que lo más importante, en mi caso particular, consiste en pensar bien lo que voy a hacer para después no tener oportunidad de arrepentirme. Una vez que tomé la desición, asumo las consecuencias y me dejo llevar por ese río que es la vida.



¿Qué piensan ustedes? ¿Cómo se enfrentan al futuro? ¿Con el valor de un guerrero? ¿Con la paciencia de un ajedrecista? ¿O con el temor de un cobarde?



--



Desde los laberintos de mi mente,



Eras x Eras



+ Z, el último hombre

1 Comments:

Blogger Carmen said...

Cuando me he lanzado con fe, muchas cosas salieron bastante bien. Cuando he tenido dudas, entraba en la parálisis del análisis y no hacía nada, sino terminar declinando. Cuando me he lanzado con miedos, he ido a parar al infierno.

Las cosas que no terminaron bien cuando me lancé con fe, fue porque en el camino dudé y entró a tallar el miedo.

7:23 p.m.  

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