jueves, abril 16, 2009

Hablando del YO





Saludos a todos. Hoy me referiré a la construcción de la identidad de cada quien. Tengo más o menos pensado el asunto desde una perspectiva que combina ideas de filósofos como Sócrates, Nietszche, Gadamer y Heidegger. Todo esto para preguntarte quién eres y quién quieres ser, la posobilidad de que sea uno mismo el que haga efectiva su existencia justificándola estéticamente, que sea la vivencia la que de unidad al yo y finalmente, todo esto redondeado por la idea de la existencia como posibilidades proyectadas en miras de la posibilidad de la muerte.


Al final, creo que el YO es un producto de nuestra propia percepción del mundo, de lo que deseamos para nosotros y lo que llegamos a ser. El punto clave es que esta existencia que tengamos sea elegida por si mismo y no desde afuera. En eso consiste la autenticidad. Las palabras crípticas y de frase lapidaria que pronuncia Z, el último hombre tendrían que ser interpretadas desde estos momentos filosóficos o serían malinterpretadas.


A continuación el texto completo del que estoy hablando:




“En Busca del sentido de la vida”
por Erasmo Cervantes Méndez

Hola, Muy buenas tardes a todos. Agradezco su asistencia a este evento de la academia.
¡Qué mejor manera de continuar el día que con una charla filosófica! Las siguientes reflexiones tienen que ver con nuestra vida. El título de esta plática es “En busca del sentido de la vida” y pretende acercarnos al conocimiento de nosotros mismos.
Sé muy bien que ustedes han escuchado la famosísima frase que estaba a la entrada del templo de Apolo en Delfos. Muchas veces fue utilizada por Sócrates en sus discursos y si no me equivoco, es el primer principio del filosofar: “Conócete a ti mismo”. Pero, ¿Cuántos de nosotros nos conocemos en realidad? Este será el reto. Al final de esta pequeña exposición ustedes deberán tomar el primer paso en el camino filosófico del autoconocimiento.
Para no dejar de lado a los grandes maestros del pensar, nos remitiremos a tres filósofos alemanes, portadores de una tradición; sus nombres son: Friedrich Nietzsche, Martin Heidegger y Hans-Georg Gadamer. De cada uno abordaremos un aspecto de su filosofía, el cual intentará ayudarnos en nuestra búsqueda.
Siendo adolescentes, tienen ante ustedes uno de los más grandes retos de toda su vida. De hecho, es el reto de su vida ya que pone en juego su vida misma. ¿De qué estoy hablando? Pues nada más ni nada menos que de la búsqueda de su propia identidad. Esto es algo que les corresponde a todos y cada uno de ustedes, pero de manera individual; es algo completamente personalizado. Dos conceptos similares son autenticidad y propiedad. Y estos, también son objetivos de su búsqueda. Rápidamente, pensemos en el origen etimológico que está en estas tres palabras. El id del yo, el autos de el uno mismo y el ser propio. En cuanto al ontos, nos referimos al ser. Id-entidad: ser yo, aquello que me distingue de los demás; autenticidad: ser uno mismo; propiedad: cualidad de ser dueño de si.
Vamos aclarando otras cuestiones fundamentales que dan forma a nuestro discurso. Según el título estamos en busca de un sentido para nuestra vida. Pero, ¿Qué significa sentido? El sentido es la dirección que lleva un movimiento. El movimiento del que estamos hablando es nuestra vida, nuestra propia existencia.
Podemos tener muchas direcciones hacia las cuales movernos a lo largo de ese camino que llamamos vivir.
Dibujemos unas flechas que nos ilustren.


La reflexión podría comenzar con la pregunta: ¿Qué dirección tiene mi vida? Responder esto implica ya un conocimiento de algo más: el proyecto. No importa la dirección, arriba, abajo al frente, hacia atrás, en círculos, etcétera, lo que importa es que haya detrás la disposición consciente de ir hacia algún lado.
El proyecto es lo que queremos para nosotros mismos en nuestra vida. Un proyecto de vida nos marca el rumbo y nos hace visible un punto de llegada, un destino. El proyecto está marcado por nuestras intenciones y nuestras intenciones son los intentos por ser uno mismo.
Ahora podemos hacer la pregunta ¿Cuál es el sentido de mi vida? Pero antes tenemos que detenernos en algo más fundamental. Algo que nos lanza directamente sobre nosotros mismos. Recuerden que filosofar es el arte de preguntar, de cuestionar, de poner en duda lo que aparentemente es obvio. Así nos remitimos a una pregunta que quizás no se han hecho por creer conocer la respuesta: ¿Quién soy yo? Contestarla no es fácil.
“Yo soy yo” no es una respuesta filosóficamente aceptable. Pero, es que a ese que ves en el espejo todas las mañanas es solamente la apariencia externa de lo que en verdad eres. Responder la pregunta implica adentrarnos en nosotros mismos, en nuestra propia esencia.
Hablemos un poco de algo que trata Gadamer en su libro “Verdad y Método”. El concepto al que quiero remitirme es el de la vivencia.
La vivencia tiene que ver con la vida. Gadamer nos remite el romanticismo del siglo XIX donde las biografías de los artistas se hacían con la idea de “entender la obra desde la vida misma”, ya que se comenzó a pensar que las cosas que nos sucedían en nuestra vida influían directamente en lo que hacemos.
En un primer momento, la vivencia, hace referencia a aquello que es real por haber sido vivido por uno mismo, porque de hecho estuvimos en vida cuando algo tiene lugar; es decir, nadie nos lo platicó. Así mismo, designa el contenido de lo que ha sido vivido y que principalmente permanece y predomina frente al decurso de nuestra vida.
Entendemos por vivencia el momento de nuestras vidas que al ser vivido deja en nosotros una huella imborrable que le otorga a nuestro existir un sentido y un significado que perdura. Una de sus principales características es que es inmediata, además de ser involuntaria.
Gadamer observa que la vivencia sirve para darle unidad a la totalidad de nuestro existir; podríamos decir que el pasado el presente y el futuro confluyen en la vivencia y llenan de contenido nuestro ser. A esto le llama la unidad vivencial, la cual determina el modo de ser de uno al tiempo que, debido a la peculiaridad individual de nuestro modo de ser, adquirimos ciertas vivencias. Podemos decir que la vivencia consiste de igual forma en hacer propio lo que originalmente es extraño. Gadamer hace referencia a una idea de Nietzsche: “en los hombres profundos todas las vivencias duran mucho tiempo” con la cual explicaría que éste piensa que en la elaboración de la vivencia y en su permanencia está el verdadero ser y significado de la existencia humana. Contrasten la idea de profundidad con su opuesto: la superficialidad. Más de una vez han escuchado el adjetivo superficial haciendo referencia a una persona. ¿Qué vivencias podría tener alguien como Barbie?
Así las cosas, para poder responder la pregunta ¿quién soy yo?, debo remitirme a mis propias vivencias, que aunque pocas, nos dan buena luz sobre nosotros mismos.
Dejemos a Gadamer, pero pasemos al que fue su maestro en esto del filosofar. Nos referimos a Heidegger. Este filósofo estaba muy preocupado por encontrar el ser de las cosas. Su idea del filosofar está ligada con la ontología, es decir, con la búsqueda del ser de las cosas.
Heidegger plantea que debemos partir de lo más inmediato a nosotros mismos, por lo que nos invita a reflexionar sobre nuestro propio ser.
¿Qué soy? Soy algo ahí, en un mundo, rodeado de otros seres ahí. Pero mi ser es mi existir. Sólo soy si antes existo. El ser del ser ahí es su cura.
Vamos por pasos.
Para Heidegger, hay dos cuestiones fundamentales. La primera es que somos finitos, es decir, que nos vamos a morir. Irremediablemente algún día dejaremos la vida. Este conocimiento nos produce angustia (segundo hecho fundamental). ¿Podemos vivir angustiados de la muerte todo el tiempo? Por supuesto que no. De hecho en nuestra vida diaria, en nuestra cotidianidad, hacemos tantas cosas que olvidamos que vamos a morir. Incluso, cuando llegamos a pensar en ello lo ocultamos diciendo frases como: los que se mueren son los viejos, de algo he de morir, algún día me va a tocar, pero por el momento no.
Este hacer es lo que Heidegger llama cura y no es el hacer simple sino cualquier actividad humana, siempre: “tenemos que ver con algo, producimos algo, nos encargamos y cuidamos algo, empleamos algo, abandonamos y dejamos que se pierda algo, emprendemos, imponemos, examinamos, indagamos, consideramos, exponemos, definimos...”[1] También, omitimos, renunciamos, descansamos y “no hacemos más que eso”, curarnos la angustia.
Nos angustia la muerte porque en la muerte vemos nuestra incompletud. Sentimos que algo nos falta y comenzamos a llenar el vacío. Vacío existencial, por cierto.
Pero existir en términos heideggerianos es un “poder ser” una posibilidad de ser nosotros mismos. La pregunta ahora es: ¿Qué puedo ser?, misma que nos lleva a preguntarnos ¿Qué quiero ser? Como se dice comúnmente “Querer es poder”.
Ahora la reflexión se centra en lo que quiero para mí. En aquello que me haga feliz, suponiendo, como dijo Aristóteles, que la felicidad es aquello que buscan los seres humanos. No importa qué felicidad, porque cada quien puede ser feliz de diferente manera, lo importante es tomar conciencia de quién soy, de qué es lo que quiero y de la responsabilidad que implica la decisión.
Pasemos ahora con nuestro último filósofo, Friedrich Nietzsche. Centraremos la reflexión en dos textos suyos, “El Nacimiento de la Tragedia” y “Así Habló Zarathustra”.
El primero es un texto de juventud. En él se puede ver cómo la pregunta central tiene que ver con ¿Qué significa vivir bien? Es decir, qué hace que una vida valga la pena. La respuesta de Nietzsche se centra en la experiencia estética. En algún lugar del libro menciona la frase: “sólo como fenómeno estético aparecen justificados la existencia y el mundo.”
Nietzsche se pregunta cómo darle sentido a su vida. La respuesta tiene que ver con la vivencia en el arte. El arte es un medio de expresión en el cual se plasman las vivencias y se trata de compartirlas con otros. Hay en su filosofar dos experiencias límite, las cuales son el impulso primordial para crear arte. La primera es el terror. Terror producido por el mundo incontrolable e incomprensible. Por poderes titánicos que nos superan y nos aplastan. La segunda es el absurdo. Absurdo que nos llena de una risa angustiante, cercana a la locura.
Una u otra nos abren una posibilidad más, la del baile y el canto, la de la risa y el goce de la vida. ¿Para qué es la vida sino para vivirla de manera agradable? En el Zarathustra, Nietzsche nos llevará de manera poética por caminos en los que nos invita a tomar sobre nosotros las riendas de nuestra vida, con el fin de saber que lo que hicimos fue justo lo que quisimos y no tener oportunidad de arrepentirnos.
Vive cada momento de tu vida tan intensamente que si tuvieras que repetirlo por toda la eternidad no tengas ganas de arrepentirte. Somos lo que hacemos. Pero para ser auténticos, para tener identidad propia, debemos hacer caso al viejo oráculo en Delfos: “Conócete a ti mismo.”


Elaborada por el Alter Ego, Eras.
(Lic. en Filosofía)
2004 (c)
[1] Heidegger, M. Ser y Tiempo, F.C:E., p. 69

1 Comments:

Blogger Marolyn Regueiro said...

Hola Z estoy trabajando en Filosofia con mis sextos años de bachillerato el problema del ente y la Nada en Heidegger y el delicioso concepto de Dasein. Les sugeri a mis alumnos que visitaran tu blog y que prestaran especial atención a las secuencias "Anacoreta", "Acidia" y "Huecos", para trabajas los principales conceptos de dicho sistema filosófico y fueron muy ilustrativos para ellos. Agradezco enormemente tu arte, pero todos están intrigados con tu verdadera identidad... hablando del tema. Un abrazo y no dejes de crear nunca!!!

2:39 p.m.  

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